Reflexiones de un día cualquiera. La entrada al mundo prohibido de los placeres eternos. Luna.

La mente en blanco, se le había quedado totalmente en blanco. Era la primera vez que le pasaba en su vida. Doscientos años que llevaba en este planeta y no sabía que hacer, o que decir. Estaba paralizado, nervioso, bloqueado, asustado como un conejo ve un zorro venir a lo lejos. Intentó articular palabras pero tenía la lengua seca, la misma sensación que cuando corres veinte kilómetros sin parar a beber bajo un sol abrasador, la misma. 

Tal vez si intentase lanzar un hechizo, un conjuro de simple, de lo más sencillos que supiera. Cerró los ojos y procuró contar hasta diez despacio, sin apresurarse. Inhalando aire hasta llenar por completo los pulmones y luego ir soltándolo suavemente. A la vez que los nervios.Al llegar al cinco su mente ya estaba más calmada, en siete empezó a recordar uno de los hechizos que le permitiría escapar de la situación haciendose invisible. Pero no quería eso, no quería huir. Cuando llegó al diez entendió que no le haría falta conjurar nada, sabía que tenía que hacer.

Llevaba mucho tiempo deseándolo, esperándolo. Abrió los ojos y ella seguía allí, observándole con esos ojos dorados tan hermosos, cautivadores, desde la primera vez que los vio se sintió atrapado en una jaula dorada de donde no había escapatoria. Esos ojos estaban clavados en él. Ella sonrió y se acercó, le cogió de las manos y las puso sobre su pecho, desnudo. Empezó a notar su corazón latir, iba tan rápido como el suyo, parecían dos relojes desbocados que acababan sincronizandose juntos, al mismo compás. Sentir eso le ayudó a calmarse del todo.

Él le devolvió la sonrisa y se acercó aún más a ella. Sus pieles, sin ninguna ropa que les estorbará, entraron en contacto y fue como cuando el fuego y el hielo se conocen; cuando se funden liberando un montón de energía almacenada, atrapada tanto tiempo que cuando sale arrasa con todo lo que hay a su alrededor, cambiándolo. Sus cuerpos se envolvieron el uno al otro, fundiéndose.

Ese abrazo pareció durar una eternidad, y al oler el perfume de su cabello sintió que su cuerpo ardía. Y entonces como si supiera exactamente que hacer, sin que en ningún libro, en ningún colegio, en ninguna parte le habían dicho cual era el procedimiento o protocolo a seguir recorrió el cuerpo de ella con sus labios. Empezando por sus puntiagudas orejas, susurrando  un suave te quiero. Ella le correspondió con un te amo y un beso en el cuello. Un beso largo, húmedo, que ppoco a poco pasó a convertirse en un mordisco.

Notó sus colmillos penetrando en su piel, cada vez más adentro, profundamente, ardientes. No sabía si era dolor lo que sentía, solo que era lo que quería. Lo que deseaba, y se abandonó a una oleada de placer mientras su amada vampira le chupaba la sangre que dejaba de pertenecerle. Mientras la sangre pasaba de su cuerpo al de ella un orgasmo le hizo estremecerse, recorriéndole toda la espalda. Ella lo arrastraba a su mundo, nuevo,excitante, hermoso y a la vez tenebroso. A la Tierra de la noche eterna.


Y ahora mis 3:



  1. Mi cuerpo dice quiero....


  2. Ella es la chica más guay del universo...es lo más bonito que he visto en mi vida



  3. Hoy me acordado de una de las elfas más carismáticas que he leído en la Dragonlance. Lauralanthalasa. ¿Le suena a alguien?



Y hasta aquí mis 3. Ahora toca volver al mundo de vuestros más oscuros y excitantes sueños.

Bonus track: https://www.youtube.com/watch?v=CBrWNbjw3RA

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