Reflexiones de un día cualquiera. La primera vez, tu mermelada, mi respiración, ya está bien, ojo.


Siempre es apasionante cuando algo se empieza, cuando es tu primera vez. Esa sensación nerviosa que recorre tu piel poniéndote los pelos de punta como la hierba que crece a medida que llegan los primeros calores del año. Es una bonita sensación.

Primero tiene que buscar todos los elementos necesarios para llevar eso que tanto tiempo has estado deseando. Visitas muchas páginas en internet para ver cuales son los mejores, y aprendes las mejores estrategias para conseguirlo. Para disfrutarlo. Solo de ver vídeos ya sientes como si lo estuvieras haciendo, te excitas y se te humedecen los labios.

Cuando te decides a salir es como si fueras de cacería. Primero visitas lo sitios conocidos por si allí está esperando, llamándote. Deseando por tenerte cerca y ser tuya, solo tuya. Espera estar entre tus manos, deslizarse por tus dedos húmedos y ensuciando rincones que no pensabas que tenías y que te ayudará a descubrir. Pero no está allí. Vas a otros puntos de la ciudad, y nada. No la encuentras. Parece que encontrar la adecuada no es tan fácil como parecía. Después de horas y kilómetros te planteas bajar a la zona especializada. Te han dicho que allí seguro que encuentras pero que es más caro. Te resignas y vas.

Pero antes de llegar, al cruzar por tu antiguo colegio, justo al lado de los recreativos la vs a través de los cristales de una tienda. Es perfecta, juto del tamaño adecuado.. Ni más ni menos. Tu corazón palpita, tu sangre golpea por llegar a ese punto donde te unirás a ella, para fundirte. Entras y usas tus mejores estrategias. Y vuelves con ella a casa. Para ella también será su primera vez.

En casa la llevas a la cocina, es el mejor sitio para hacer lo que tanto deseas, lo que anhelas. La semana anterior comprastes el resto de cosas que necesitas. Las sacas, una se te cae al suelo. Te ríes  de ti, cómo puedes estar temblando por hacer algo tan natural. Cálmate, si todo el mundo lo hace. Respiras. Y te levantas lentamente, despacio. Y ella ya está, sobre la mesa esperándote a que la cojas.

Una vez colocado todo te acercas a ella, y vas apartándole lo que la envuelve. Poco a poco, sin prisa. Tus dedos se deslizan sobre ella. Con tus dos manos le ayudas a extenderse sobre la mesa. Suavemente y con dulzura la humedeces son tus manos. Tus manos empiezan a entrar en ella. La penetras. Te enciendes. El calor que sientes te hace sudar. Pero estás disfrutando mucho más de lo que viste en la red. Al principio te costaba. Pero ya juntos os hacéis uno. Masajéas cada centímetro suyo para luego introducir tus dedos en lo más profundo, lo más íntimo de su interior. Ella se arquea  y se estira. Sientes que el placer es mutuo. Nunca habías imaginado que una mesa de cocina daría tanto juego. Tus dedos danzan un baile muy sensual. Perfecto, armonioso y tan placentero que ella llega a su punto perfecto. Se encoge brutalmente  mientras sientes todo lo que te ofrece en cada célula de tu piel.

Ya está preparada para que os fundáis en uno, aunque tu sabes que aun queda un paso más. Algo que la pondrá mucho más caliente que el calor dado con tus manos. Entonces la coges y la llevas al horno. Colocas la  masa dentro y a esperar el tiempo justo para que tengas tu primer pan recién hecho. Sonríes. Has disfrutado mucho con esto, la recompensa vendrá luego.


Y ahora mis 3:



  1. Pan de chapata con mermelada, circulito verde por prepararme esta delicia:


  2. En la web de Belcanto italiano te explican muy bien como respira alguien que se dedica al canto. Tal vez, aunque no te dediques a eso, respirar así no vendría mal.
  3. Hoy ya esta bien ^_^



Y hasta aquí mis 3. Dulces sueños de sábado. Y disfrútalos ya te toca ^_^

Bonus track: https://www.youtube.com/watch?v=sLSnal9b_q4

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