Reflexiones de un día cualquiera.La guerra del paraíso

La banfáith cerró los ojos y se concentró. Oí el suave chisporroteo de las ascuas
en el brasero mientras ella escrutaba en los dispersos caminos del futuro una
palabra o señal que pudiera transmitir. Cuando volvió a hablar, en su voz resonó
un deje de angustia que me llegó hasta el alma.
—Escucha, Mano de Plata; presta atención a la Suma Sabiduría —declaró alzando
las manos con las palmas hacia arriba—.



El Destructor del Norte desatará su cólera sobre los Tres Hermosos Reinos; con garras y dientes arrancará la carne de los huesos. Sus pálidos servidores derrotarán a las fuerzas de Gyd. Un palio de blancura se extenderá sobre la tierra, y el hambre devorará a los jóvenes y a los viejos. El Mastín Gris se ha soltado de su cadena y aplastará los huesos de los niños. El Errante de Roja Mirada atravesará la garganta de los que lo persigan.


Laméntate y entristécete, porque el dolor asuela Albión en tres frentes. El Rey deOro tropezará en su reino con la Roca de la Contienda. El Gusano de ardiente
aliento reclamará el trono de Prydain; Llogres se quedará sin señor. Pero Caledon
se salvará; la Bandada de Cuervos acudirá en tropel a sus umbrías cañadas y el
graznido será su canción. Cuando la Luz de los derwyddi se apague, y la sangre
de los bardos reclame justicia, los Cuervos extenderán sus alas sobre el bosque
sagrado y el montículo sacrosanto. Bajo las alas de los Cuervos, se instalará un
trono. Sobre ese trono, un rey con una mano de plata. En el Día de la Lucha, las
raíces y las ramas se intercambiarán los lugares y la novedad del fenómeno será
considerada una maravilla. El sol se apagará como el ámbar, la luna esconderá su
faz: la abominación contaminará la tierra. Los cuatro vientos pelearán entre ellos
con ráfagas terribles; el sonido se oirá hasta en las estrellas. El Polvo de los
Antepasados se alzará hasta las nubes; la esencia de Albión se dispersará y
desgarrará en la lucha de los vientos. El mar se levantará con potentes voces. No
habrá ningún puerto seguro. Arianrhod duerme en su tierra rodeada por el mar.
Aunque muchos la busquen, no la encontrarán. Aunque muchos la llamen, ella no
los oirá. Sólo el beso casto la devolverá a su lugar. Entonces surgirá el Gigante de
la Maldad y aterrorizará a todos con el hábil filo de su espada. Sus ojos vomitarán
fuego; sus labios gotearán veneno. Con su enorme hueste asolará la isla. Todos
los que se le enfrenten serán barridos por el río de perversidad que fluye de su
mano. La Isla de la Fuerza se convertirá en una tumba. Todo esto va a pasar por
obra del Hombre Cínico, que montado en un corcel de bronce siembra un
infortunio tan grande como calamitoso. ¡Alzaos, Hombres de Gwir! ¡Empuñad las
armas y enfrentaos a los hombres malvados que hay entre vosotros! El fragor de
la batalla será oído en las estrellas del cielo y el Año Grande avanzará hacia su
consumación final. Escucha, Hijo de Albión: la sangre nace de la sangre. La carne
nace de la carne. Pero el espíritu nace del Espíritu y con el Espíritu permanece por
siempre jamás. Antes de que Albión sea una, deben ser realizadas heroicas
hazañas y debe reinar Mano de Plata.
Embargada por un profundo dolor, la voz de la profetisa se quebró. 



Como reflexión os pongo la profecía de la Canción de Albión, pronunciada en La Guerra del Paraiso. El que se lo haya leído tal vez entienda porque o tal vez no.



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