Carta a Neptuno

Querida familia neptuniana, les escribo para contarles lo que aprendo en mis investigaciones para el doctorado aquí en el planeta tierra.

Observando a los humanos aprendo que cuando la naturaleza hace algo eso es bueno y cuando lo hace un humano eso es malo, a pesar de que el humano forma parte de la naturaleza.

Que cuando un humano que trabaje como coronel en el ejercito no puede enseñar a las crías humanas en sus colegios pero si puede dirigir un país.

Que hay que crear normas y más normas aunque compliquen el día día porque la vida sencilla no merece la pena.

Que aunque una norma esté mal, la norma hay que respetarla y no se puede cambiar.

Que todos los años nevó o llovió así hace 50 años.

Que 20 minutos caminando sobre sus pies es una distancia enorme a pesar de estar sano.

Que en esos transportes como tubos que usan más vale apretarse que esperar 15 minutos.

Que si un humano defiende una idea la defenderá para siempre aunque se de cuenta que esté equivocado.

Que un jefe humano lo es por tradición no por decisión del resto de su grupo.

Que prefieren pelear por defender su error antes de corregirlo.

Que cuantos más humanos digan algo mejor, independientemente de si es cierto o no.

Que si hay un grupo que se niega a reproducirse su especie estará en peligro.

Que muchos humanos gritan, y gritan y gritan, pidiendo una solución a un problema y cuando se la dan, entonces, gritan otros humanos.

Que los humanos prefieren gritar en vez de solucionar.

Que se definen como racionales pero luego cuando tienen que escoger representantes siempre eligen a los mismos.

Estimada familia neptuniana, de momento esto es lo que llevo anotado. No se si me bastará para la tesis pero sospecho que mi director estará contento. Su hipótesis de que es un planeta donde no merece la pena usar la flota para invadirlo porque la especie inteligente ya se extinguirá ella sola, parece cierta.

Besos y cuídense.

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