Historias de pequeño o no tan pequeño

De pequeño cogías tus juguetes y te ibas al parque. Con toda tu ilusión cogías el avión y te imaginabas surcando los cielos, te sentías libre. Luego con los muñecos creabas historias maravillosas, historias en las que siempre vencías al mal, en que los buenos eran muy fuertes.
En estos juegos tu ponías tus reglas y si no te gustaban las cambiabas, no había problemas, eras feliz.

Y tu felicidad aumentaba cuando otro niño se acercaba a ti y te preguntaba:

¿Puedo jugar?

Le mirabas y los dos, con esa cara que solo se pone de niño rebosante de alegría, os poníais a jugar. Corríais con vuestros aviones simulando combates aéreos , saltabais los bancos simulando ser superhéroes, os escondíais detrás de los arbustos después de haber hecho una trastada. Tenías unas reglas y los dos las cumplíais.

Y es entonces cuando vuestro compañero, vuestro amigo, empezaba a abusar de esas reglas. Se quedaba con los juguetes más tiempo. Su voz repetía

Hagamos esto

Y no te preguntaba, no te pedía permiso. El era el protagonista y tu solo otro juguete más.

Pasaban los días y tú, ya cansado de no divertirte y de que te mandase, lo dejaste solo. Te fuiste con tus juguetes a otro lado. Le abandonaste y emprendiste de nuevo tus historias. Y volviste a ser feliz, a ser tu mismo. Durante días todo volvió a ser como antes; y aquel niño que abusó de ti, de tu amistad, regresó. Comprendió que si no se quiere jugar solo hay que tener en cuenta a los demás. Y con esa inocencia que solo tienen los niños, le perdonaste y volvisteis a jugar juntos.


Y es que este comportamiento lo repetimos siendo adultos. Basta observar lo que ha ocurrido con los políticos y nuestra constitución. Ellos han abusado de nuestras reglas para su propio beneficio. ¿Cuál debería ser nuestro siguiente paso?

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