Mi primer salmorejo

Después de recorrer los grandes desiertos del mundo, subir a las más altas montañas, nadar océanos enormes; conseguí los ingredientes de la receta mágica. Para crear la fuente de la juventud el druida me describió los elementos que la componían.

Para conseguir el primero de ellos tuve que enfrentarme al mejor arquero del mundo, el elfo Pantayelh . Oculto en los arboles no paraba de lanzar flechas, mi cuerpo no dejaba de esquivar a derecha, izquierda, saltar arriba, agacharse, al final logré alcanzarle y de un mamporro lo lancé de la rama del árbol donde estaba situado al río que bañaba al bosque. Registre en sus ropas y encontré un trozo de pan de ayer empapado en agua, lo estrujé y me lo guardé.

Mi siguiente destino fueron las llanuras de Thomat , allí , protegidos por los caballeros rojos, se encuentran los tomates sagrados. Solo necesitaba dos tomates
En la puerta de la habitación del tesoro me esperaban dos corpulentos caballeros, sacaron sus dos enormes espadas , desenfundé la mía y pasamos a la acción.
Mandobles, fintas, saltos, volteretas, las espadas cortaban el viento buscando el corazón del enemigo. Primero cayó el caballero rojo más pequeño. El segundo costó más , era el más viejo y se notaba la experiencia. Pero también fue derrotado.

Entré en la habitación y me llevé los dos tomates

El tercer ingrediente me costó lo suyo, nunca he sudado más en mi vida, para obtenerlo tuve que ganarle una carrera al centauro Pepthino . La distancia fue de 100 km, cruzando un desierto de sol a sol. Fue un duro adversario , de primeras me saco ventaja. No obstante el deseo por conseguir la eterna juventud me dio fuerzas y le recuperé terreno. En el último kilómetro ambos teníamos agotadas las fuerzas; las lenguas se arrastraban por el suelo, y cuando apenas quedaba 5 metros conseguí sacarle una cabeza de ventaja y ganar.

Como justo vencedor , el centauro, me otorgo el deseado premio, un pepino


Enanos y muchos, son los que habitan las llanuras de Ajdol. Grandes comerciantes, con una labia impresionante. Para conseguir un diente de ajo tuve que esforzarme en regatear y convencer al vendedor Gamlov. Por fin lo conseguí, no sin perder gran parte de mi fortuna y mis posesiones.

El mundo de cristal envenenado, donde el menor movimiento en falso puede derribar la mejor de las construcciones y dejarte tieso en el sitio, era mi siguiente objetivo. Tenía que cruzar el laberinto de los espejos. Fue una locura, donde casi pierdo la razón, voces atormentaban mi camino, fantasmas , espectros, hasta que conseguí llegar al centro del laberinto. Allí lo encontré , un huevo . Salir fue más difícil aún ya que el laberinto tenía vida propia y cambiaba los caminos para despistarme.

De regreso a la casa del druida, para que me indicara donde estaban los últimos ingredientes, me agencié ( por no decir robé) un barco. Cruzando el océano Vinceal me abordaron los temibles piratas de los siete mares. Eran horrendos, tuve que prepara los cañones de mi barco a la velocidad del rayo, aunque después de tantas aventuras me costaba muchísimo. Ellos apuntaron los suyos contra mi y dispararon, yo me defendí. La lucha fue terrible, ni la tormenta más dura que puedan mandar los dioses podía comparase. Cañones, explosiones, trozos de barcos volando por los aires.

Al final conseguí hundirles y como recompensa me quedé con su cofre del tesoro. Para mi asombro, en su interior estaban los ingredientes que me faltaban.

vinagre
aceite
sal


Y un hermoso jamón procedente de lo alto de las montañas nevadas


Por fin, en la casa del druida, mezclo los ingredientes durante tres minutos en un recipiente, mientras repetía el cántico de "BRRRRRRRRRRRRRR" , "BRRRRRRRRRRRRRR", "BRRRRRRR".

Y aquí está el resultado, un componente de la fuente de la eterna juventud.



Si tenéis la oportunidad de probarlo , hacedlo. En un día de calor, donde has agotado tus fuerzas este alimento, sobre todo si está fresquito, restaura todas tus energías.

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